Impuesto a las transacciones financieras

El gobierno ha llegado a un acuerdo con Podemos para definir los Presupuestos Generales del Estado 2019. Dicho acuerdo está plagado de subidas de impuestos. Subidas en el IRPF, subidas en el rendimiento del ahorro, eliminación de deducciones y la implantación del impuesto a las transacciones financieras.

El impuesto a la transacciones financieras es también conocida como tasa Tobin. Ha sido una propuesta recurrente desde hace muchos años. Pero hasta ahora no se había dado el paso definitivo para implantarlo.

Es un nuevo impuesto que tienen el único objetivo de esquilmar al inversor y no tiene ningún fundamento. La idea detrás de este impuesto es que como los que invierten en bolsa son ricos se merecen pagar más impuestos. Todos los impuestos que se van a aprobar van encaminados en el mismo sentido. Cómo son ricos que paguen más. Sabemos que esto no funciona así y que aumentando la presión fiscal a límites confiscatorios se recauda menos.

Impuesto a las transacciones financieras en la práctica

El impuesto a las transacciones financieras pretende gravar con un 0,20% la compraventa de acciones españolas. En principio se supone que se aplicará a las acciones de empresas españolas que capitalicen más de 1.000 millones de euros. Esto es la práctica totalidad del IBEX35 y muchas empresas del mercado continuo.

Invertir será menos atractivo

Esto quiere decir que con nuevas tasas que debes sumar a las comisiones ya cobradas. Contando las tasas de la bolsa y las comisiones del broker ya costaba a veces que las operaciones fueran rentables. Ahora hay que sumarle un 0,40%. En muchos casos matan todo el atractivo de la inversión.

Las empresas españolas de golpe pasan a ser menos apetecibles para los inversores extranjeros. La bolsa española va a sufrir un recorte en el volumen negociado. BME ya lo ha sufrido esta semana en su cotización.

La tasa Tobin en Suecia

La tasa Tobin, o impuesto a las transacciones financieras, no es algo nuevo. Se lleva décadas hablando de esto. Normalmente nunca se ha puesto en práctica de forma total porque se acaba llegando a la conclusión de que es contraproducente.

Suecia instauró la tasa Tobin en 1987. Durante algunos años la tasa a cobrar subía de cuantía mientras el volumen de contratación se hundía. Se realizaban muchísimas menos operaciones en los mercados. Esto tuvo otro efecto, la recaudación por impuesto de plusvalía también se hundió. Así que en conjunto se recaudó bastante menos.

Suecia admitió su error y eliminó la tasa en 1991. ¿Pasará lo mismo en España?

La tasa tobin en solitario es un suicidio

El impuesto a las transacciones financieras es algo que hace menos atractivo a tu mercado. Si la instauras sólo en un país gran parte de los flujos de dinero que tenían como destino ese mercado buscarán otro más favorable.

Entonces una tasa así sólo funcionaría si se instaurará en todos los mercados. Además de tener la misma cuantía. Pero esto es imposible. Es tan perjudicial que ni siquiera todos los miembros de la Unión Europea se ponen de acuerdo. Ya ni hablamos de poner de acuerdo a todos los mercados mundiales.

Efectos del impuesto a las transacciones financieras

No se me ocurre ningún efecto positivo de esta tasa. La única justificación que dan los que están a favor es que se va a recaudar más. Como si que el estado recaudara más fuera algo bueno por si mismo. Parto de la base que el dinero siempre está mejor en el bolsillo de sus legítimos dueños que manejado por los poderes públicos.

Negativos, sin embargo, se me ocurren muchos. Todos ellos demostrados y reales. No son conjeturas, son realidades que van a afectar de forma importante a los inversores y a la economía española.

Se invierte menos dinero en la economía española

Una de las principales funciones de la bolsa es canalizar el dinero hacia inversiones productivas. Estas inversiones productivas son las que provocan el crecimiento económico de una economía. Si, a raíz de una nueva tasa, invertir es menos atractivo ese flujo de dinero buscará mejores oportunidades en nuevos mercados.

Esto afectará al poder de inversión de las empresas. Esto se relaciona directamente con un menor crecimiento de la productividad. Una economía que no es capaz de atraer inversión de fuera está condenada a no ser competitiva.

Menos liquidez para el inversor

Si el volumen de contratación cae de forma brusca significa que la liquidez disminuye. Costará más hacer un operación al no existir tantos inversores dispuestos a ofrecerte una contraparte. Un mercado ilíquido es un mercado no atractivo. La liquidez es un requisito para muchos inversores. Un mercado “seco” es un mercado muerto.

Menos competitividad en la industria

Si el negocio en el mercado español disminuye habrá intermediarios que ya no querrán seguir interviniendo. Una reducción de la competencia perjudica al inversor final, la mayoría minoritarios. Menor competencia en comisiones y en servicios, sólo puede ser una mala noticia.

Si la gente ve menos atractivo invertir se mantendrá más dinero en depósitos, cuentas y productos no rentables. La gente no podrá ni siquiera rentabilizar el dinero que tanto dinero le ha costado ganar sólo para que los políticos puedan malgastar más dinero.

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