El impuesto de patrimonio es injusto

El impuesto sobre el patrimonio es un impuesto directo que grava el patrimonio neto de las personas físicas, es neto porque del valor de los bienes que se posean se puede deducir las deudas y obligaciones de las cuales el contribuyente sea responsable. Para calcular este patrimonio, y simplificándolo, tomamos que sumarán toda clase de activos financieros (cuentas bancarias, acciones, fondos de inversión, títulos de deuda…etc.) que poseamos y todos los demás bienes que no sean considerados ajuar domestico. La vivienda habitual también estará exenta hasta 300.000 euros, a partir de esta cantidad y, cualquier otro inmueble, habrá que añadirlo al cálculo.

Ahora mismo la cuantía que hay que superar para tener obligación de tributar por el impuesto de patrimonio es de 700.000 euros, es decir si nuestros bienes menos nuestras deudas superan esta cantidad tendremos que tributar por toda la cantidad que los sobrepase. Así dependiendo de la cantidad iremos tributando por tramos desde el 0,20% hasta un máximo del 2,50%

Este impuesto a mucha gente le parece muy bien básicamente porque sólo piensan que es un impuesto que afecta a los ricos y que los ricos está bien que paguen mucho porque seguro que han conseguido su patrimonio explotando a gente normal. También hay que tener en cuenta cual sería la definición de rico del español medio: “cualquier persona que tenga más dinero que yo”, aquí somos mucho de que hay que pagar muchos impuestos porque un Estado enorme siempre es positivo pero que los impuestos los paguen otros.

El impuesto de patrimonio es únicamente confiscatorio

Todos los impuestos tratan de confiscar una parte del dinero que los contribuyentes han generado de forma legal con el pretexto de sostener a un sector público que, si bien es cierto es bastante necesario en algunos aspectos, está sobredimensionado en muchos sectores y da cobijo a muchos gestores de dudosa eficiencia que no tendrían tanto éxito en el sector privado.

Pero si damos por hecho que el sector público tiene que financiarse de alguna forma tenemos dos maneras de hacerlo: por lo que genera una persona (impuesto sobre la renta, rendimiento del capital mobiliario, variación patrimonial….etc.) o por razones aleatorias (impuesto sobre el patrimonio). ¿Quién decide cual es el límite del patrimonio a partir del cual es aconsejable tributar? ¿Por qué 700.000 euros y no 100.000? ¿Por qué no 2.000.000 euros o 50.000 euros?

Si ahora llega un nuevo gobierno y dice que todo el que tenga más de 100.000 euros tiene que empezar a tributar lo hará sin ninguna razón de peso. El sector público necesita dinero y a ti, que eres uno de los pocos que has ahorrado y no lo has malgastado como el sector público, te va a tocar pagarlo. Son decisiones arbitrarias que varían en función de las necesidades de tesorería y del color político de los distintos gobiernos. Este impuesto no responde a ninguna función social, hay que tapar los agujeros de las administraciones públicas y saben que si ponen un impuesto a los que más tienen no van a encontrar ningún tipo de oposición por parte de la mayoría de la población, incluso lo van a ver con bueno ojos.

El impuesto de patrimonio es injusto

Sabemos que para que una economía funcione y se mueva el dinero tiene que circular, con este movimiento de capitales los ciudadanos (empresarios, trabajadores, inversores, ahorradores) generan unas ganancias y beneficios que regularizan una vez al año al hacer su declaración de la renta y el impuesto de sociedades. Son impuestos a los beneficios, tanto ganas tanto pagas y lo que se pretenden es “redistribuir” la riqueza para intentar compensar a los que menos tienen, sea por la razón que sea.

El problema es cuando el mismo dinero se empieza a gravar una segunda vez, y a partir de ahí las veces que haga falta. Cuando un accionista de una empresa recibe dinero por dividendos tiene que tributar por esos dividendos, pero ojo porque ese dinero ya ha tributado en el impuesto de sociedades de la empresa. Por ejemplo una empresa gana un millón de euros y paga un impuesto de sociedades del 30% por lo que ingresa al estado 300.000€, luego con los 700.000€ restantes decide que va a repartir entre sus socios 500.000€ en dividendos y por este dinero, que ya ha tributado, se vuelve a tributar. Tributa el mismo dinero dos veces y el estado engorda a costa de los socios de la empresa.

La misma situación perversa se da con el impuesto de patrimonio, es como si el estado te dijera: “no ahorres tanto dinero que es malo para nosotros, pero como te empeñas en ahorrar y no nos haces caso ya te quitamos una parte”. Vamos a poner ejemplos simplificados de como algunas personas pueden llegar a tener que tributar varias veces por el mismo dinero.

  • Un profesional tiene unos buenos ingresos por su trabajo.
  • Un empresario crea una gran empresa y recibe grandes dividendos.
  • Un inversor gana dinero en bolsa.

Hay que observar que el primero ha tributado cada año por sus rendimientos del trabajo, el segundo ha tributado cada vez que ha percibido los dividendos y el tercero ha tributado en concepto de ganancia patrimonial. Los tres han tributado por su beneficio pero si deciden no malgastar ese dinero y pasa a formar parte de su patrimonio a partir de ahora van a tener que pagar cada año un poco más por un dinero por el cual ya han pagado. Tributar más de una vez por el mismo dinero debería ser algo inconcebible.

Una persona funda una empresa y tiene el 50% de las acciones, la empresa crece mucho y empieza a recibir 100.000€ por año en dividendo, al cabo de 10 años junta un capital de 1.000.000€. Vemos que todo el dinero sale del mismo sitio: los beneficios de la empresa, y estos beneficios de la empresa tributan por:

  • Impuesto de sociedades
  • Rendimiento del capital mobiliario (dividendo)
  • Impuesto del patrimonio

Aquí nos damos cuenta que lo importante es que el mismo dinero tribute una y otra vez y que nunca salga de la rueda para poder mantener una estructura sobredimensionada.